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Clan sin patriarca

¿Es justo el despido de Claudio Ranieri?

Como sucede en la vida, el fútbol en ocasiones, esta lleno de injusticias. El balompié, es cómplice de sinrazones que parecen no ser reales, iniciativas que dejan en evidencia a quienes las toman. Como es el caso de la reciente destitución de Claudio Ranieri, el entrenador que consiguió la gesta de aquel Leicester que consiguió la Premier el año pasado.  


Y digo, aquel, añadiendo este determinante que indica lejanía, porque el combinado que consiguió la liga inglesa se está desmoronando. Con la marcha del padre del proyecto, este equipo queda huérfano, sin el progenitor que hizo posible lo imposible. Despedir al mejor entrenador en la historia de un club, y al recientemente nombrado mejor técnico del año no cabe en ninguna cabeza que esté en su sano juicio. Es, como si el Atlético de Madrid prescindiera del Cholo Simeone, el hombre que es más importante que cualquier otro jugador. No importa que ningún futbolista abandone la disciplina rojiblanca mientras el capitán del barco, el patriarca del clan siga al frente, el partícipe de que el conjunto colchonero ganara una Liga y alcanzara dos finales de Champions, algo inimaginable para los aficionados indios hace no tanto. Ranieri era lo que Simeone es para el Atlético, el alma del equipo, el crack que con un planteamiento puede cambiar el rumbo del partido, ellos no necesitan el balón, sino una pizarra.

El cese del entrenador italiano ha supuesto un mazazo para la afición, una pesadilla en medio del sueño en el que Ranieri les había envuelto. Un técnico al que le sobran pretendientes, ¿Qué equipo no sueña con tener al mejor entrenador del mundo, según la FIFA, en su equipo? El Leicester, pierde más de lo que ha perdido su ya exentrenador. Mientras al combinado ingles le espera el precipicio del descenso, a Ranieri le depara  un periodo de reflexión lleno de ofertas de trabajo, propuestas para que un nuevo equipo sea la herramienta con la que construir el milagro.

Un hombre que consiguió lo imposible, construyó el milagro, su milagro, no el de la directiva del combinado ni el de los jugadores, suyo, el se lo guisó y él mismo se lo comió. Un plato irrepetible que ningún otro entrenador que ocupe el banquillo "Fox" va a repetir. Un logro que no se lo han sabido pagar, un éxito que se ha convertido en un fracaso, o así al menos lo han contemplado los dirigentes del Leicester al echar al mejor técnico de su historia. El entrenador que entró como un héroe, y obró como tal, pero que ahora se va como un villano,  el culpable de que el equipo se encuentre en puestos de descenso.


@JBrugos8


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