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Opinión: Inoportuno

Carlos Mouriño llevará al Celta fuera de Vigo

Foto vía Estadios de Fútbol
No se habla de otra cosa en la ciudad olívica. El presidente del Celta, Carlos Mouriño, anunció este viernes durante un encuentro en las redes sociales del club la marcha "irreversible" del club de la ciudad de Vigo para construir en otro municipio una ciudad deportiva que incluya también un nuevo estadio.

Parece el bofetón definitivo a un pulso eterno entre club y Concello. Desde siempre la relación entre Carlos Mouriño y Abel Caballero no fue precisamente buena y en los últimos años, debido a esto, se ha hecho todavía peor. El presidente del Celta no ha dudado en señalar con el dedo al alcalde como el culpable de la situación. “Nos echan”. “No le diré cómo llevar el Concello, no me diga cómo llevar el Celta”. “Si el crecimiento del Celta no es en Vigo con usted, será fuera sin usted”. Veo pertinente señalar que nuestro presidente tiene 74 años, aunque estas declaraciones no parezcan ajustarse a alguien de esa longevidad.

Habla de mover el estadio como un niño que construye un castillo en la playa, luego lo derriba porque se aburre y vuelve a montar otro en la orilla. Un club de fútbol es mucho más. “Nós somos o celtismo” debería sonar más que nunca en los próximos encuentros en Balaídos, ya que parece que algunos todavía no se han dado cuenta de que son los aficionados quienes sostienen a un equipo. Ellos nunca te van a fallar, no intentarán llevar hasta el extremo una negociación en la que sacar un beneficio propio mientras se ajusta la careta de “por un futuro mejor”. No quiero oír a Mouriño decir que “estamos muy pendientes del abonado” cuando después es él quien no escucha. No quiero división en el celtismo y se están encargando de que la haya, de generarla y echarle leña al fuego. Todos los bares de los alrededores, los comercios que viven gracias a Balaídos, las peñas que se dejan el alma... en un estadio fuera todo esto desaparece. Mouriño dice que la construcción de un nuevo estadio tendría un coste de unos 50 millones de euros y la ciudad deportiva sobre unos 20 millones. Pone el ejemplo del Espanyol y Cornellá-El Prat, quizá no el mejor de todos, pero en el que vale la pena recordar que solo el estadio costó 90 millones, a pagar entre el Espayol y la empresa explotadora de la zona comercial. Más tarde, una empresa china adquiría el Espayol. Negocios.

Todo esto sucede a una semana de uno de los partidos más importantes en la historia del Celta (de Vigo). La gestión de esta situación está siendo pésima, desviando la atención del verdadero sueño que tenemos todos. Y sí, el ser humano es el único animal que tropieza dos veces con la misma piedra. Ya nos ocurrió con el temporal y su famosa cubierta a una semana de jugarnos una plaza para estar en la final de Copa. Y tropezamos. En estos momentos debemos estar todos juntos remando en una misma dirección, alentando al equipo en la persecución del sueño.

Firmado: Un celtista que no es de Vigo.

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