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Futbolistas subyugados, decisiones erróneas

¿Hasta qué punto se involucran los agentes en la carrera de los futbolistas?   

Foto: Real Madrid

El otro día Marca desveló que la razón por la que Mbappé no fichó por el Real Madrid reside en la intervención de su padre en la operación. El patriarca, ante el temor de que su vástago quedará relegado al banquillo como consecuencia de la gran competencia que iba tener en el combinado blanco dio marcha atrás en las negociaciones con Florentino y rompió el preacuerdo firmado semanas antes. 

Una determinación, la del padre del futbolista galo, que ha supuesto un jarro de agua fría para la joven promesa. Está claro que lo hacía por su bien, su amor paterno filial velaba por los intereses de su hijo. Unos objetivos, que puede que su progenitor haya frustrado. El sueño de vestir de blanco se ha esfumado ante la sobreprotección del patriarca. Este, al ser su representante, controla la carrera de su pupilo de forma permanente sin que el jugador pueda decidir sobre su futuro, dejando la potestad en manos del agente como si la decisión de este fuera siempre la mejor. 

Porque aunque el representante no tenga vínculos familiares con el jugador, esté ejerce el poder absoluto sobre los acontecimientos que le rodean. Decide el equipo donde su cliente debe jugar, la marca de ropa que debe vestir e incluso en ocasiones, el tipo de que debe llevar. Un control, que a veces frustra las carreras de futbolistas que estaban llamados a marcar una era, a ser únicos en su posición. Pero que como consecuencia del excesivo recelo de sus agentes, estos han sido devorados vorazmente por la presión. Eran juguetes para sus representantes, unas marionetas que acabaron rotas junto con sus sueños. 

Ilusiones como la de Mesut Özil , la de triunfar en el Real Madrid. Cuajó en el combinado blanco pero ante la gran competencia que se le venía encima, su padre y representante, como en el caso de Mbappé, le convenció para que abandonara el Real Madrid y se fuera al Arsenal. Una decisión, incitada por su progenitor, que como el propio centrocampista confiesa, ha sido la peor de su vida. Un consejo, un ruego, el de su padre, que destruyó la relación con su hijo. El jugador alemán culpa a su progenitor de su repentina marcha del combinado blanco, y desde entonces su vinculo se ha roto. Demandas judiciales, acusaciones, reproches... Digno de las mejores telenovelas.  

Los representantes, sean familia o no de los futbolistas, no siempre tienen la razón. Como humanos que son, se equivocan, su palabra no es de un santo, no va a misa. Estos, independientemente del vinculo que tengan con su cliente deberían dejar al jugador decir última palabra. Su juicio de valor vale lo mismo que el suyo, que el jugador decida su propia vida, su propio futuro, no que este sea decidido por otra persona. Yo me lo guiso, yo me lo como. 

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