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Chelsea 1-3 Atlético: El Atlético gana por 40

El Atlético de Madrid se mete en la final de la Champions por segunda vez en su historia.

Atlético dio cátedra y pasó a la finalEl fútbol no es un deporte, no es un juego. El fútbol no son 22 tíos detrás de un balón, persiguiendo el cuero como pollos sin cabeza, con el objetivo de aportar el circo para la gente. 

El fútbol es una forma de vida, un conector entre personas y, sobre todo, una máquina del tiempo más real que cualquiera escrita por George Wells.

Y esa gran máquina del tiempo, es capaz de sellar ciertos episodios y mandarlos a la cabeza de todo aficionado. Esa gran máquina del tiempo que, hace 40 años, alteró el ADN de un equipo campeón, de un coloso dentro y fuera de Europa.

Champions (Semifiinales-Vuelta)

Chelsea1
Atlético3
Ficha técnica
Chelsea: Schwarzer; Cole (Eto'o, m.53), Terry, Cahill, Ivanovic; Luiz, Ramires; Azpilicueta, Hazard, Willian (Schürrle, m.77); Torres (Ba, m.67).

Atlético de Madrid
: Courtois; Juanfran, Miranda, Godín, Filipe Luís; Tiago, Mario Suárez; Koke, Arda Turan (Rodríguez, m.84); Adrián López (Raúl Gardía, m.66), Diego Costa (Sosa, m.76).

Goles:
1-0, m.36: Torres. 1-1, m.44: Adrián López. 1-2, m.60: Diego Costa, de penalti. 1-3, m.72: Turan.

Árbitro
: Nicola Rizzoli (Italia). Amonestó a Cahill (Chelsea), así como a Adrián y Diego Costa (Atlético de Madrid)

Incidencias:
Partido de vuelta de las semifinales de la Liga de Campeones en Stamford Bridge (Londres).
Cierto días, en mayo del 74, seis años después del 68, y con toda Europa poniendo un clavel en la boca del fusil al grito de o povo e quem mais ordena (el pueblo manda), un zapatazo de un alemán de apellido impronunciable sepultó todos los sueños y utopías rojiblancas.

La tumba fue enterrada en lo más hondo del derrumbado Metropolitano, y los más viejos juraron no abrirla jamás. Tras eso, la mediocridad de asentó en un club que por no sufrir, sufrió demasiado.

Sin embargo, partido a partido, sin hacer ruido, no sea que se vayan a despertar los fantasmas, un tal Simeone fue demostrando que sufrir es vivir, que los colores rojo y blanco no están hechos para segundas filas y que, un club como el Atlético, merece lo que en su día la dichosa fortuna le quitó.

Para ello, el viejo Londres tendría que decidir si este equipo está para esos trotes, tendría que decidir si el Atlético puede saldar su deuda, aunque el gran protagonista no pueda verla.

Y el viejo Londres pudo ver cómo una panda de novatos dejaron en el césped todo el coraje que tenía, más el de cuatro mil personas que se niegan a tener que construir castillos en el aire, a tener que ver otra vez cómo otros celebran las desgracias de un equipo que tan cerca lo tuvo, que se niegan a hablar de casis.

Y pese a que Torres tuviera que pedir perdón, y Mourinho dibujara esa sonrisa que augura lo peor en el equipo rival, el Atlético de Madrid no se rindió, fue al ataque, como hacen los grandes, los que pelean por todo, y los que no eligen rivales, les juegan y les ganan.

Así, un chaval asturiano condenado a los banquillos renació de sus cenizas para igualar el partido. Y ya, sin especular, el Atlético se dio un pequeño homenaje.

Pequeño por el respeto al rival, porque no está bien regodearse, y eso el Atleti bien lo sabe. Y menos cuando has ganado jugando con 22. Los once del césped y los que, desde el 74, conectan -los que pueden-con el pulso temblando, conectan la dichosa máquina del tiempo. Ganan por 22 y por 40. Dichosa soberbia.

@Dyoatletico


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