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Sevilla FC: temporada de algunas luces, pero más sombras

La temporada que acaba ha sido un carrusel de sensaciones contrapuestas para un Sevilla que al final dio con un Caparrós que supo resucitar a un equipo muerto

@nachocampos75

La temporada 2017/2018 será recordada en Nervión como una de las más extrañas y sufridas en los últimos años. Y es que esta campaña ha sido un sube-baja continuo para la entidad y los aficionados.

Se iniciaba la temporada en Sevilla con una sensación extraña e inquietante desde la planta noble del Ramón Sánchez Pizjuán. Después de muchos años, la dirección deportiva dejaba de estar encabezada por Monchi, sin lugar a dudas el mejor que ha conocido este equipo y uno de los mejores del mundo en su puesto. El llamado a relevarlo era Óscar Arias, hombre de confianza del propio Monchi. A pesar de haber trabajado en el antiguo staff deportivo, Óscar Arias no contaba con la confianza de la mayoría de los aficionados sevillistas, que recelaban de si iba a ser un buen sustituto en el cargo o si, por el contrario, no sería capaz de dar con la tecla. Sea como fuere, Arias tenía a su alcance el mayor presupuesto de la historia del conjunto blanco. Y el mercado de fichajes arrojó nombres que, a priori, podían ilusionar a los aficionados sevillistas. Nombres como Nolito, Kjaer o las vueltas de Banega y sobre todo Jesús Navas daban un plantel que daba crédito al director deportivo. Aunque con dudas como el fichaje más caro de la historia del Sevilla, Luis Muriel, fichado por 20 millones de euros a la Sampdoria, o la incertidumbre del nuevo técnico tras la marcha de Sampaoli, Eduardo Berizzo. El terreno de juego dictaría sentencia.

Comenzó la temporada, además, con una nueva ilusión tras pasar la fase previa de la Champions. El sorteo dio con un grupo que hacía factible poder pasar a octavos de final. Habría que pelear con Liverpool y Spartak de Moscú sobre todo, con el permiso del Maribor esloveno.

El campeonato de Liga no comenzó mal, pero a mediados de octubre el equipo empieza a perder fuelle y poco a poco la entidad y los aficionados iban perdiendo confianza en el técnico Berizzo. La cuerda se fue tensando hasta que se rompió definitivamente y se le tuvo que buscar relevo en el banquillo. El designado fue el italiano, y otrora delantero Vincenzo Montella recaló en el Sevilla a primeros de enero, mes en el que llegarían refuerzos anhelados como Sandro o Roque Mesa. Y el papel del entrenador transalpino fue bastane bueno en las competiciones por eliminatorias, llegando a la final de Copa e igualando el mejor registro del equipo en Champions al plantarse en cuartos de final, tras eliminar brillantemente a todo un Manchester United. Pero su rendimiento en Liga no fue tan brillante. Tras un comienzo en el que parecía que recuperaba a jugadores como Muriel o Correa, poco a poco su trayectoria fue decayendo, teniendo números indignos de un equipo con el presupuesto que manejaba el Sevilla FC.

Ya en plena debacle, el equipo plantó cara, aunque de manera insuficiente al Bayern de Munich en Champions League, cayendo eliminado, y mostrando su cara más vergonzosa en una final de Copa del Rey contra un Barcelona que le sacó los colores a un irreconocible Sevilla en una final.

No había mucho margen de maniobras, el equipo entraba en barrena y veía peligrar incluso su clasificación para Europa el año siguiente. El cántaro reventó y Montella dio con sus huesos en la calle. Había que buscar otro sustituto. Y rápido. Quedaban 4 partido de Liga y el Sevilla necesitaba jugar en Europa para seguir cuadrando presupuestos. Y entonces llegó el mejor para devolver al equipo su identidad sevillista, su casta y coraje, su espiritu competitivo. Y no era otro que Joaquín Caparrós. No había nadie que pudiera inyectar ese sevillismo y amor a los colores como él.

Y en esos 4 partidos consiguió un fantástico 10 puntos de 12 posibles, incluyendo una victoria al Real Madrid en tierras sevillanas. Los aficionados volvieron a creer y a sentirse ilusionados. Y de hecho, dio la impresión de que si la Liga hubiera durado un par de jornadas más, el Sevilla hubiera acabado mejor clasificado.

Además del plano deportivo, este año ha sido también el año en el que han surgido varios frentes extradeportivos. Por un lado, el debate de reformar un Sánchez Pizjuán que se ha quedado obsoleto y pequeño o mudarse a un remozado Estadio Olímpico. Pero sobre todo, la preocupación en torno al movimiento accionarial que se está fraguando en las oficinas blancas. Guerras internas entre los Castro, Carrión, del Nido y compañía por una lucha accionarial que les den poder en el club.

Se vislumbra, por lo tanto, un verano movido. En el que hay buscar un director deportivo (Castro anunció la destitución de Arias un mes antes de acabar el torneo liguero), un entrenador (Caparrós parece que se retirará de los banquillos, quedando vinculado a la entidad sevillista en algún cargo técnico), dar salida a jugadores que no han rendido como se esperaba de ellos, buscar los relevos pertinentes para completar ese plantel que pueda seguir compitiendo e intentar resolver los problemas internos en la planta noble.

Muchas frentes abiertos que hacen que los aficionados tengan esa intranquilidad y que no pueden demorarse en demasia. El Sevilla tiene un verano movido, con una final de la Supercopa de España a doble partido, tres rondas previas para entrar a la fase de grupos de la Europa League y una gira con un pretigioso torneo en los que los mejores clubes de Europa utilizarán para hacer caja.

Esperemos que den con la tecla, esta vez....

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