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La obsesión de Guardiola

Pep Guardiola se reunió con Menotti y Bielsa poco antes de convertirse en uno de los mejores entrenadores del mundo

Guaridola en un partido con el Manchester City. Imagen: EFE


Antes de convertirse en entrenador, Guardiola charló durante 11 horas con Marcelo Bielsa. El encuentro se produjo el 10 de octubre de 2006 en la casa que Bielsa tenía en Máximo Paz, localidad ubicada a 78 kilómetros de Rosario (Santa Fe). Para Guardiola no fue suficiente haberse reunido poco antes con el gran César Luis Menotti en su obsesión por aprender de los mejores.

Y es que Josep Guardiola (Sampedor, Barcelona, 1971) siempre fue muy meticuloso en su trabajo. Fue centrocampista, una de las posiciones más “cerebrales” del fútbol. No es casualidad que grandes medios centros se hayan convertido en grandes entrenadores. Ya lo decía, con mucho criterio, Johan Cruyff. El propio Johan, Guardiola, Rijkard o Zidane son solo algunos ejemplos. Con el ‘4’ a la espalda y gracias a su carisma, personalidad y visión de juego, se erigió líder del centro del campo de un Barça que tuvo en esa época entrenadores de la talla de Cruyff, Rexach, Bobby Robson o Van Gaal. Casi nada. Esa misma obsesión le llevó a trabajar sus debilidades, cómo el tiro libre. Se convirtió en un buen lanzador de faltas. Así, cómo jugador, ganó seis ligas, dos Copas del Rey, cuatro Supercopas de España, una Champions, una Recopa de Europa, y dos Supercopas de la Uefa.

Ya retirado siguió buscando la perfección. Y en esa obsesiva búsqueda del 'fútbol total' decidió convertirse en entrenador. Empezó en el filial del Barcelona y de ahí pasó a ser el entrenador del primer equipo. Reunió a un conjunto de jugadores que realizaron el mejor fútbol visto hasta la fecha liderados por el mejor jugador que han visto estos ojos, Lionel Messi. Esa obsesión le llevó a ganar 14 títulos en 4 temporadas, logrando un “sextete” histórico que nadie ha igualado. Por puro desgaste y con la vitrina llena de trofeos,  Pep abandonó la disciplina blaugrana en busca de un nuevo reto que llegaría desde uno de los colosos de Europa: el Bayern de Múnich.

Tras su paso por el Bayern, Guardiola despertó algunas críticas por la prensa bávara debido a la no-conquista de la Champions League, un título que por Múnich ansiaban levantar con Guardiola al frente. Pese a todo, los números de Pep por Alemania son envidiables; tres Bundesligas consecutivas, dos Copas de Alemania, una Supercopa de Europa y un Mundial de Clubes. Nada mal. 

En el libro Herr Pep se narra una de las anécdotas más interesantes del entrenador por Múnich. Durante la segunda parte de un partido contra el Sttutgart, Guardiola decidió renunciar a su falso nueve y a su media punta para sacar a dos tanques como Mandzukic y Pizarro. El obsesivo Guardiola, ese que siempre buscó el juego posicional, sacó dos delanteros centro para rematar balones en centros laterales o cazar alguna segunda jugada. Se ve que a quién sorprendió, fue al autor del libro, Martí Perarnau, que acabó preguntando al propio Pep si no se había traicionado a sí mismo con ese cambio. Guardiola se limitó a contestar «yo solo quería ganar el partido». Esto ayuda a comprender el carácter competitivo de Guardiola, un entrenador que pese a sus firmes ideas tiene una obsesión muy clara: la victoria. Si puede ser con un juego preciosista genial, si no, la táctica en el fútbol es muy amplia y, Pep, no tiene reparos en adaptarse a las situaciones. Como entrenador, un valor añadido.

El periplo por tierras germanas acabó con el de Sampedor poniendo rumbo a Manchester en 2016. Allí siguió con sus ideas y, con ellas, ya ha ganado la Premier League y la Copa de la Liga. Aún así, el barómetro del éxito lo marcará, una vez más, la consecución -o no- de la 'Orejona'. Algo un tanto injusto, y es que hay que tener en cuenta que en los últimos diez años, Barcelona y Real Madrid se han repartido 7 trofeos, mientras que Inter (2010), Chelsea (2012) y Bayern (2013) han sido los otros tres campeones. Parece que, en estos tiempos, no es fácil ganar en Europa.

Pero a Guardiola le da igual. Lo pudimos ver tras el pasado Mundial de Rusia. Las ideas de Pep se pusieron en duda debido al estrepitoso fracaso de selecciones del gusto por el control del balón como España, Alemania o Argentina. En una rueda de prensa previa al amistoso entre City y Liverpool en la gira por EE.UU, Guardiola fue cuestionado por un periodista: "En la Copa del Mundo, la derrota o la eliminación de España, tal vez la de Alemania, tal vez la de Bélgica… ¿Hace pensar que este estilo de juego, el que tu pregonas, está en decadencia?". La respuesta de Guardiola no pudo ser más irónica: "Entonces, jugaremos sin balón [...] En mi idea todo empieza y acaba con el balón. Yo quiero que mis jugadores sigan ese espíritu. El día que vuelva a ganar ese estilo dirán que es el futuro", sentenció.

A día de hoy, Pep Guardiola es considerado uno de los mejores entrenadores del mundo. Y lo es no solo por su casi obcecada concepción del fútbol, si no por su eterna obsesión por alcanzar siempre la victoria, le pese a quién le pese.

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